Biografía

Invitación a conocer a Joaquín Costa: esbozo biográfico

Por Cristóbal Gómez Benito

 

Ambiente familiar y contexto local

La infancia y adolescencia de Joaquín Costa transcurre entre su Monzón natal en el Somontano oscense, en donde viene Costa al mundo el 14 de septiembre de 1846, y en la villa de Graus, a donde se traslada su familia en 1852
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El entorno ecológico y social de la comarca del Ribagorza le marcará para toda su vida de tres maneras.

En primer lugar, la geografía altoaragonesa y las condiciones del labrador altoaragonés se convertirán, en el imaginario de Costa, en metáforas de la geografía española y del pequeño agricultor español, y el agua, tan presente en el paisaje del Alto-Aragón, se convertirá en la fórmula fundamental de redención de la agricultura patria.

En segundo lugar, su origen campesino. Nacido en el seno de una familia pequeño-campesina, la pobreza de origen le acompañaría gran parte de su vida marcando sus actitudes básicas: la ética del esfuerzo y del trabajo duro, la lucha contra el destino, el estoicismo y la austeridad, la desconfianza hacia el poder y a los que viven del presupuesto estatal, el realismo y materialismo de base de la cosmovisión campesina, así como la defensa de una propiedad básica, familiar, como garantía de la libertad individual. La mejora de la agricultura y de las condiciones de vida de las gentes del campo serán los objetivos principales de su programa de reforma social nacional.

Y en tercer lugar, la sociedad rural del Alto-Aragón, tan rica en instituciones consuetudinarias, muchas de ellas todavía vivas en el tiempo de Costa, le despertarían su reverencia por la ley consuetudinaria, por la costumbre, y muy pronto, también, su interés por el estudio del derecho consuetudinario y de la economía popular, en los cuales encontraría modelos vivos sobre los que fundamentar sus propuestas de reforma y progreso social. Estas tres circunstancias constituyen la urdimbre básica sobre la que se teje todo el proyecto intelectual costiano y marcarán las constantes fundamentales de su pensamiento y acción pública.


Casa familiar de Costa en Graus

Adolescencia tardía y juventud conflictiva

Siendo el mayor de los hermanos, su futuro y su deber estaban en el cultivo de la tierra y como "heredero", suceder un día a su padre en la explotación familiar. Y hasta los 18 años alternará el estudio en la escuela local con los trabajos en el campo, ayudando a sus padres. Pero muy pronto se manifiesta su vocación por los libros y por la agricultura.
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Muy pronto se despierta en él su pasión por el conocimiento y la lectura, buscando cualquier ocasión para satisfacer esa pasión, con los muy limitados medios de que disponía. Desde 1864 va anotando en un todos sus sentimientos, vivencias, reflexiones, constituyendo una extraordinaria guía biográfica que nos permite conocer profundamente al joven Costa. En relación con esa pasión por los libros, anota en su Diario:

"... Mi afición a los libros era desmesurada. Los que podía encontrar en Graus no servían ni bastaban a llenar este deseo infinito de saber que bullía en mi alma... Es para mí un espectáculo la humanidad mía en su infancia recostada con mi libro bajo la cepa de una viña, a la sombra del nogal del campo, sobre la yerba de los ribazos, al sol de la colina o encima de la cama. Unas veces apacentando mi asno, otras tomando el sol. (...) Aún me parece verme marchar con mi libro debajo de la chaqueta a un punto desconocido donde nadie me encuentre para que mejor pueda saborear mi lectura."

Esta vocación por el estudio entrará pronto en conflicto con las obligaciones derivadas de su condición de heredero del patrimonio familiar.
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Costa fue un adolescente infeliz y, aunque no da muchos detalles de su desventura, se pueden entrever sus razones. Como confiesa en su Diario, sus recuerdos de esos años en Graus no son precisamente felices:

"Lo restante de mi vida desde 6 a 17 años lo pasé en G. en donde el pundonor me ha hecho beber hasta las heces del cáliz de la amargura. No me detendré en trasladar aquí estos años que tristes y lentos han pasado para mí…."

La adolescencia de Costa es conflictiva y atormentada, la de un muchacho de gran inteligencia e inquietudes espirituales que vive contradictoriamente su amor por su familia, su tierra y la agricul­tura y su rechazo de un mundo social que le ahoga por limitado y que siente que no puede ser el suyo para siempre. Una melancólica soledad será la tónica de esos años de primera juventud. Este conflicto le lleva a abandonar Graus para ir a estudiar y trabajar a Huesca, en diciembre de 1863, a los 17 años de edad, tras varios intentos fallidos, por la oposición paterna, de búsqueda de distintas salidas-huidas.

Al final, la pasión por el estudio se impone sobre las obligaciones familiares y Costa decide ir a Huesca a trabajar para poder estudiar en su Instituto, no sin experimentar un profundo desgarro interior:

"… en Graus no podía vivir de ningún modo porque el pundonor… Llegó diciembre y como no podía ya respirar por más tiempo el ambiente estrecho de Graus quise sentar plaza de … soldado… oh guerra… consoladora para mí… de muerte… qué cobarde huías ante mí cuando más te perseguía como cobarde liebre… un suicidio tal vez..".

La marcha a Huesca será vivida con un profundo desgarro personal y de sentimiento de culpa por el abandono de los suyos a su suerte y su alejamiento del hogar y de sus responsabilidades como heredero del patrimonio familiar.

El Costa que abandona Graus es un adolescente retardado, con fuertes raíces pequeño-campesinas propias de su entorno familiar y comarcal, profundamente religioso, con claros prejuicios antiliberales heredados del ambiente carlista de origen.


En Huesca, estudio y trabajo

En Huesca vivirá días de exaltación junto a la experiencia de la miseria, de la dependencia del favor ajeno, de la incerti­dumbre y de la falta de afecto. Allí inicia sus estudios de bachillerato y de magisterio, alternando el estudio con diversos trabajos. Es entonces cuando sufre las primeras manifestaciones de su enfermedad, una distrofia muscular progresiva, que le limitaría para los trabajos físicos.
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En Huesca se matricula en el Instituto General Técnico de esa ciudad para estudiar bachillerato, estudios que inicia con considerable retraso (a los 18 años) y que tiene que alternar con diversos trabajos para poder subsis­tir. Su formación se amplía con los estudios de magisterio en la Escuela Normal de Huesca.

Su clara y fuerte vocación intelectual se manifiesta ya en una pasión por los libros y el estudio y en la elaboración de sus primeros escritos sobre la enseñanza práctica de la agricultura. Su interés por ella es tanto teórico como práctico, realizando expe­riencias y diversos ensayos agrícolas que luego serán el motivo de pequeños artículos. Como muestra de su interés por la promoción del estudio y de difusión de la ciencia, en 1866 funda con otras personas el Ateneo Oscense, pronunciando el discurso inaugural.

Todos estos rasgos son aún más sobresalientes y admirables si se tienen en cuenta las enormes dificultades económicas (rayanas con la más cruda pobreza) y la aparición de los primeros síntomas de su enferme­dad(una distrofia muscular progresiva en su brazo izquierdo), la cual limitaría enorme­mente sus posibilidades físicas.

La exposición de París

A finales de 1866 es seleccionado en un concurso para artesanos del pabellón español en la Exposición Universal de París de 1867, adonde marcha en marzo, permaneciendo en la capital francesa hasta diciembre de ese mismo año. La experiencia francesa produciría una transformación profunda en el joven Costa, sobre todo en su ideas y actitudes ante la política y el progreso.
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En París aprovechará el tiempo para leer y estudiar, conociendo de primera mano los adelantos científi­cos y técnicos del momento, y para acceder a las nuevas corrien­tes de pensamiento, adquirir libros y publica­ciones, y conocer personalmente a destacados científi­cos y pensadores.

La experiencia francesa fue decisiva para su evolución intelectual y sus preocupaciones económicas, sociales y políticas, tomando dolorosa conciencia del atraso español especialmente en ciencia y en tecnología. El propio autor nos revela en su Diario­ el impacto que le produjo su estancia en París:

"Aquí fue mi golpe de gracia: mi viaje a París y a la Exposición Universal. El año de 1867 ha sido el año del despertar de mi entendimiento; el agosto de mi juventud: la hora del toque a rebato; el desperezo de un sueño de 20 años; el cuadro disolven­te a cuyo través he principiado a conocer el mundo... En Francia he concluido de aprender lo que son las grandes obras y grandes empresas; he aprendido lo que son y lo que saben los franceses; he visto emperadores y alternado con sabios; he conocido a los españoles y hablado con extranjeros de todas las nacionalidades."

Durante su estancia en París escribe una serie de artículos sobre la Exposición para el periódico El Espíritu Católico, vinculado a su tío Salamero, a partir de los cuales elaborará el que sería su primer libro y su principal obra de juventud: "Ideas apuntadas en la Exposición Universal de 1867 para España y para Huesca".


Exposición Universal de París de 1867

A su vuelta a Huesca, Costa se convierte en un firme y claro defensor de la moderniza­ción de España, que es ante todo progreso material, técnico, de la naturaleza para procurar el bienestar y la libertad básica de la humanidad y, con ella, la libertad moral. Moder­nización o progreso que pasa por la moderniza­ción de la agricul­tura, la cual debía convertirse en el fundamento del desarrollo económico del país.

Entre el campo y la ciudad

Los años siguientes a su regreso de Francialos pasa entre Graus, Barbastro, Huesca y Madrid, buscando una estabilidad económica que nunca llega a la vez que desarrolla una gran actividad publicista en diversos periódicos. Son años de incertidumbre, desasosiego, indefinición, unidos a una dramática pobreza y una profunda crisis espiritual.
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Un crisis que en abril de 1870, toca fondo. Inten­ta ingresar en un convento benedic­tino, en Francia, orden en la que ve el ideal de vida consa­grada al estudio y a la práctica de la agricultura y en la que encontrar la seguridad y la paz que no encuentra en el mundo. Y, fracasadas todas las salidas, incluso se plantea el suicidio, en la antigua Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid:

"Ah! Anteayer entré en la biblioteca de San Carlos con un fin criminal: que Dios me perdone!".

Pasado el peor momento de su crisis espiritual y vital, se opera en Costa un cambio radical de actitud, reflejado en su Diario:

"...mi naturaleza se ha estremecido un momento y sufrido una pequeña reacción. Me he dicho: "es preciso a toda costa estudiar desde el próximo curso; pasemos pues estos meses como Dios nos dé a entender y vivamos".

La revolución del 68 y la Primera República

Esos años críticos coinciden con un período político especialmente agitado, inaugurado con la revolución de septiem­bre de 1868 y que terminaría con el golpe de Estado del general Pavía (enero de 1874) y la Restauración borbónica por el general Martínez Campos a finales de ese mismo año. La caída de Isabel II y los acontecimientos posteriores son seguidos por Costa con el máximo interés. Celebra el fin de la monarquía y el período de libertad que parece abrirse con el exilio de Isabel II y se confiesa republicano.

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Sus entradas en su Diario de estos años nos muestran a un joven Costa que sigue los acontecimientos con atención y con análisis muy perspicaces, además de revelar sus aspiraciones personales:

"El 30 de septiembre de 1868 cayó la dinastía borbónica de España, Cayó la Reina. La revolución se ha hecho casi sin sangre. Estamos en el período de la libertad ¡Quiera Dios que no engendre otro período de anarquía! El gobierno está en los pueblos en manos de las Juntas revoluciona­rias. Prisa corre que se organice el Gobierno y acaben los días de confusión y de transición. La tiranía ha terminado al parecer: viva la libertad! aunque la libertad me ha sido perjudicial por el momento".

"No pienso ver nunca el espíritu público tan agitado y tan en fermen­tación como hoy se encuentra España. Atravesamos un período crítico. El fiel de la balanza puede inclinar a nuestra patria del lado de la grandeza o del lado de su deshonra. En el Gobierno hay impotencia, en las Cortes ambición y falta de patriotismo: en el partido caído planes maquiavélicos; en las clases altas mucho miedo; en las bajas mucha hambre; la república forcejea; la monarquía vergonzante quiere arrojar su engendro sin atreverse; los periódicos azuzan; los clubs atisban; los carlistas se preparan; el comercio y la industria están posterga­dos; y sólo sube de un modo pasmoso el Presupuesto general de gastos que alcanza ya una cifra de 3.000 millones (de reales ?). ..."


Iª República

Y en su Diario confiesa su sentimientos republicanos y su distanciamiento del catolicismo (que no del cristianismo) y del clericalismo, lo que le llevará a la ruptura, en los años inmediatos siguientes a su vuelta de París, con los ambientes carlistas y conservadores con los que había estado relacionado, aunque no militando. Unos años decisivos que marcarán política y emocional­mente al joven altoaragonés y serán decisivos para comprender bien al Costa de la edad madura.

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Su evolución ideológica le lleva a desencuentros y conflictos con algunos de sus hasta entonces protectores y amigos, enespecial con su tío Salamero, sacerdo­te y prohombre carlista:

"De dónde venía lo de Salamero lo sospeché enseguida: es que soy republicano."

Y más adelante, ante las críticas de su antiguo amigo y patrón, Hilarión Rubio, que le dice que no pueden ser amigos siendo él católico y Costa racionalista, éste se reafirma:

"Racionalista, sí, fuera de los misterios, en toda materia de la competencia de la razón mía como de la razón de los otros."

El Costa pre-universitario es un joven autodidacta, pero ya con un impresionan­te cúmulo de lecturas, dada su corta edad, una curiosidad intelec­tual, una voluntad, un talento y una capacidad de trabajo excepcionales y también una gran madurez intelectual para su edad.

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El joven Costa pre-universitario es un autodidacta, condición que fue vivida negativa­mente por él mismo, como confiesa en 1868:

"Lee, lee libros como quiera que sean, de cualquier cosa que traten; lee, no repares en nada. Ay! qué lástima que ese instinto no haya sido observado y tomado en consideración! Qué lástima que mi inteligencia no haya sido dirigida convenientemente de principio en principio... De qué me servían las humildes lecciones de la escuela primaria regida por la palmeta, concurrida hasta los 15 o 16 años? Me asombro al considerar lo que hubiera yo podido aprender desde los diez a los 22 años si me hubieran dirigido."

En otra ocasión, Costa vuelve a lamentarse de la falta de maestros, en contraste con la situación de muchos grandes hombres:

"Oh! es imposible consolarme: todos hallaron un apoyo eficaz sobre la tierra (...) Sólo para mí no hubo maestros que me abrieran los ojos, ni tíos que me comprendieran, ni protectores que me pagaran los estudios, ni bibliotecas que excitaran el entendimiento mío, ni una observación, ni una indicación, ni una voz, ni una sonrisa, ni un dedo que descorrie­se la cortina que ya ensayaba a descorrerse por sí sola: nada más que el vacío...(...) pero no hubo nada".

Madrid y la Universidad

En septiembre de 1870 inicia sus estudios universitarios, licencián­dose en 1872 en Derecho y en 1873 en Filosofía y Letras.Sus años universitarios los pasa en la mayor pobreza, viviendo de prestado y de pequeños y precarios trabajos que apenas le proporcionan algunos ingresos

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La salida a la crisis es la Universidad. Su decisión de estudiar la anota en su diario:

"... a toda costa debo estudiar más y quedarme en Madrid, porque el que vive en provincias no llega nunca a escritor de fama, ni a ser ministro, y yo tengo grandes ambiciones...".

"Quisiera estudiar ahora Filosofía y Letras y Derecho porque me encantan la armonía social y las leyes de la humanidad tanto como la poesía de la Naturaleza y los sentimientos del alma: quisiera discurrir sobre la Lógica del progreso, aclarar ante el mundo de los ignorantes las verdades de la Historia, enseñar a las sociedades un camino, mejor el camino, mejor dicho, el camino recto que deben proponerse en su carrera terres­tre."

A pesar de sus senti­mientos y culpabilidades por el estado de su familia, tuvo efectos positivos para su recupera­ción anímica:

"La universidad y mis papeles me detuvieron al borde de la desesperación, y seguí viviendo y estudiando,..."


Costa en 1870

En 1873 gana el premio extraordinario de la licenciatura de Derecho y en 1874 obtiene el doctorado con premio extraordinario. Y ese mismo año le conceden el premio Maranges por su memoria "Ensayo sobre Derecho Consuetudinario", la cual se convertiría después en el libro "La vida del Derecho"(1876)

En 1874 obtiene plaza de profesor supernumerario de Universidad. Producida la Restauración, tras el decreto Orovio y la expulsión de los profesores liberales, renuncia a su plaza de supernumerario como protesta y en solidaridad con los expulsados.


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La renuncia de Costa a su plaza de auxiliar en la Universidad de Madrid le supuso un gran sacrificio, como anota en su Diario:

"¡Pero qué desventurada criatura que soy yo!. Cuando al cabo he llegado a auxiliar, cuando se acerca junio, y con él el derecho de ser jurado en tribunales de examen y sacar 50 o 60 duros, voy a tener que renunciar al título de profesor supernumerario!".

En 1875 obtiene el doctorado en Filosofía y Letras con una tesis sobre "Plan de una introducción al estudio de la revolución española" y se presenta al premio extraordinario de doctorado, con una memoria sobre doctrina aristotélica, que pierde frente a Marcelino Menéndez y Pelayo. Costa consideró este fallo en su contra como una injusticia y una discriminación por motivos ideológicos.

Sus anotaciones de estos años en su Diario nos muestran los sucesivos intentos y fracasos de Costa por convertirse en profesor de Universidad, víctima de la discriminación por motivos ideológicos:

"Lo que sabía él [Codera, uno de los jueces] es que Menéndez Pelayo era ultramontano y pidalino y que yo era 'krausista' (...) y eso bastaba..."

En 1875 y 1876 opta a varias plazas de profesor en distintas universidades, pero todas sin éxito. El fracaso de todos estos intentos marcaría su vida, apartándole definitivamente de la Universidad, en la que había puesto todas sus esperanzas y afanes. Su frustración por no haber podido convertirse en profesor universitario no fue compensada en ningún modo por el éxito en sus otras oposiciones y esa frustración le acompañaría toda su vida, pensando que otro hubiera sido su destino de haber podido ser profesor.

Estos años universitarios representan la transición del Costa "enclaustrado" en su medio rural comarcal altoaragonés a un Costa urbano que arribará a Madrid, pasando previamente por su Huesca, y que en ese tránsito descubrirá la gran metrópoli de París y con ello, la más impactante expresión de la civilización moderna. Pero por eso mismo, será un Costa que se moverá entre el campo y la ciudad, un movimiento no sólo espacial, sino sobre todo social y en clave de desclasamiento respecto a su medio social de origen, el pequeño campesinado, y de un mal acomodo en su medio social de destino: la "intelligentsia" urbana.

Krausismo y la Institución Libre de Enseñanza

En Madrid, habría de encontrar, por fin, al maestro que buscaba en la persona de Francisco Giner de los Ríos, maestro y amigo al que acudirá muchas veces, a lo largo de su vida en busca de consuelo y consejo. Y en el Krausismo encontrará la escuela filosófica que mejor encaja con sus ideas.

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En la filosofía krausista encontraría Costa uno de las fuentes fundamentales de su pensamiento:

"Estoy muy triste. Tengo el mal de los libros, el mal de la ciencia. Ayer leí parte de El Ideal de la Humanidad, por Krause y Sanz del Rio. Cuánto me gusta la filosofía!"


Francisco Giner de los Ríos

Los profesores expulsados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral, encabezados por Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo Azcárate y Nicolás Salmerón, fundan en 1876 la Institución Libre de Enseñanza, en la que Costa participa como profesor y director de su revista, el BILE. En los diez años que duró su vinculación con la ILE, Costa pudo desarrollar su vocación como docente y como investigador, además de alcanzar gran notoriedad en los medios intelectuales y profesionales del país.

El Costa postuni­versitario ha adquirido su formación jurídica y filosófica de base, incorporando la doctrina krausis­ta, bajo la inspiración de los maestros Giner, Maranges, Azcárate, Salmerón, etc. Es el Costa claramente institucionista, con una gran influencia de la Escuela Histórica del Derecho y con marcada influencia positivista, que se dejará notar en sus escritos de todo tipo, especialmen­te agrarios. Un Costa, pues, ya maduro e institucionista, pero aún pre-regenera­cionista. El joven campesino superdotado e intelectual­mente voraz, pero autodidacta, se convierte ahora en un académi­co, siempre mal acomodado dentro de la intelligentsialiberal, pero con pleno dominio de sus métodos y fuentes intelectua­les.


Oposiciones

Fracasado su intento de obtener por oposición una plaza de profesor en la Universidad Central de Madrid y en la de Salamanca, en 1875 Costa ingresa en el cuerpo de Oficial Letrado de la Administración Económica, siendo destinado a Cuenca. Entre 1875 y 1890, Costa accede a diversos empleos por oposición (Oficial Letrado, Notario) además de ejercer como abogado, que le deparan (no sin altiba­jos) una mínima estabilidad económica y le llevan a residi­r en distintas provincias(Cuenca, San Sebastián, Guadalajara, Huesca, León) y como notario en Granada y Jaén..

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Las sucesivas oposiciones a las que concursa Costa no son para él más que un mero medio de supervivencia, no un fin en sí mismas, pues esa estabilidad económica es la que le debería permitir dedicarse a sus proyectos intelectuales y políticos:

"Habiendo visto que sacaban a oposición varias plazas de "Oficiales Letrados de la Administración Económica con diez mil reales de sueldo, he resuelto tomar parte en ellas, como resuelve el náufrago agarrarse a una barra candente: primero por ver si logro cobrar alguna mensualidad de algo que parezca dinero, este verano, y segundo para tener un refugio en el caso de que me den calabazas en la oposición de las cátedras."

Pero la estabilidad económica que estos podrían haberle procurado la sacrificó por permanecer en Madrid, cerca de los ambientes intelectuales, profesionales y políticos, en los que se veía cumpliendo un papel relevante:

"Estoy deseando ardientemente que anuncien las oposiciones de auxiliares de la Dirección del Registro; si las gano, estaré en Madrid al lado de la Biblioteca, de la Institución, de los hombres de poder, y podré casarme."

Fracasos amorosos

A la pobreza y sus fracasos académicos se añaden en esos años un fracaso amoroso que le impidió constituir una familia y un hogar, que tanto ansiaba. Su enamoramiento de una joven oscense, Concepción Casas, no pudo traducirse en matrimonio, tras un breve tiempo de cultivar su amistad, por la oposición familiar, que veían en Costa un librepensador incompatible con el catolicismo ultramontano de la familia.

Unos años más tarde, Costa tiene una hija natural. Pilar Antígone, fruto de la relación con una amiga, Isabel Palacín, viuda de un amigo y protector suyo, Teodoro Vergnes. Tras unos pocos años de vida en común en Barcelona, Costa abandonó su intento de crear la familia que siempre había querido tener. Una conjunción de factores se aliaron para que ese proyecto familiar fracasara y Costa siempre cargó con la culpa de haber tenido una hija natural y de no haber podido ocuparse de ella, aunque le daría su apellido. Una circunstancia más de su triste biografía.

Profesional en Madrid

Entre 1879 y 1890 Costa se convierte en un intelectual conocido y reconocido. Esos quince años constituyen su período más prolífico y activo. Quince años donde Costa despliega su talento en los más diversos campos del saber y en los principales foros y tribunas de la capital: academias, Ateneo, círculos, etc. En todos estos ámbitos, el Costa jurídico e historiador, profesional en suma, se proyecta con sorprendente actividad y despliegue de ideas e iniciativas para abordar los problemas de muy diversa índole (jurídicos, pedagógicos, agrarios, comerciales, coloniales, económicos, etc.) con que se enfrenta el Estado liberal y la modernización de España.

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Estos años son de una inmensa actividad intelectual, como escritor e investigador y como activista en numerosos frentes, adquiriendo con todo ello un gran reconocimiento en los medios intelectuales y profesionales.

Organiza el Congreso de Geografía Comercial, del que saldrá la Sociedad de Africanistas y Colonistas, y dirigirá durante sus dos primeros años la revista del mismo nombre. Participa, y es uno de sus prin­cipales animadores, en los congresos jurídicos; en los congre­sos nacionales pedagógicos (representando a la ILE); en los congresos de agricultu­ra, donde expresa por primera vez las bases de su política hidráu­li­ca y es uno de los animadores del movimiento librecambista y por la libertad de comercio, colaborando con la Asociación para la Reforma Liberal de los Aranceles de Aduanas.

Sus estudios históricos de todo tipo, tanto los referidos a la España contemporánea como a la España de la antigüedad, lejos de obedecer a un interés erudito o académico, responden realmente a rastrear en el pasado las causas últimas de los problemas de la España contemporánea.

Retorno al Alto Aragón y comienzo de su actividad política. Las campañas políticas: Liga de Contribuyentes de Graus y Cámara Agrícola del Alto Aragón

En1890 Costa regresa a Graus, por motivos de salud. Este regreso a su región será el comienzo de su actividad política. Encontrando gran dificultad por promover las reformas que el país necesita desde los foros y medios intelectuales y profesionales, Costa decide intervenir directamente en política desde la defensa de los intereses de los agricultores y de la población de su comarca. En 1891 crea la Liga de Contribuyentes de Graus y un año más tarde la Cámara Agrícola del Alto Aragón. Con estas campañas, Costa trata de transformar la agricultura en una fuerza política, con un programa de desarrollo agrario propio, el cual alcanza en estos momentos su expresión más elaborada y en el que la política hidráulica se convierte en clave fundamen­tal de ese programa

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La creación de Liga de Contribuyentes de Graus (1891) tiene su origen "a raíz de las consultas que le hacían los ribagorzanos sobre abusos y atropellos de que eran objeto".Entre los objetivos de la Liga figuraba el de "constituir, junto a los contribuyentes de Barbastro, Benabarre, Monzón y Tamarite, una Cámara agrícola con carácter oficial, para fomentar la agricultura de la comarca a través, principalmente, de la construcción de canales de riego por cuenta del Estado ".

Con la creación de la Cámara Agrícola del Ato Aragón (1892), Costa pretendeconvertir a los agricultores en una fuerza política, como una organización interclasista, por encima de los partidos políticos, para la movilización y defensa de los agricultores. La primera campaña de la Cámara se centró en conseguir la construcción por el Estado del Canal de Tamarite (que después se llamaría de Aragón y Cataluña). Con la Cámara, Costa eleva su política agrícola a un plano nacional.

Una paso adelante en la movilización política será la presentación por la Cámara de candidaturas propias a las elecciones municipales de 1893 y a las generales de 1896, en las que Costa no consigue salir elegido.

El desastre de 1898.

En 1898, la breve guerra con los Estados Unidos, resultado de una enorme torpeza diplomática, se tradujo en rápida y sangrienta derrota que además puso de manifiesto la debilidad organizativa y la ineficacia del ejército español. La consecuencia de esta derrota supuso la pérdida de los restos del imperio español: Cuba, Puerto Rico y las islas Filipinas.

La derrota y la pérdida de las últimas colonias sumió al país en una profunda crisis nacional, la crisis del 98, agravada por una situación económica que tenía sumida en la mayor pobreza a la mayoría de la población y unos presupuestos del Estado limitados por los enormes gastos militares. En este contexto, surgieron numerosas voces de muy variado significado que reclamaban una regeneración de la patria y un repliegue sobre sí misma. La voz más crítica y la cabeza de ese movimiento regeneracionista fue Joaquín Costa. En noviembre de 1898 Costa, por medio de la Cámara, lanza un programa-manifiesto dirigido a todas las Cámaras agrícolas y comerciales, a los sindicatos, etc., que conmovió a todo el país.

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La crisis le hizo tomar conciencia de que su programa de reformas económicas y sociales que había venido defendiendo desde los años ochenta y, sobre todo, en los años noventa, no podía hacerse en el marco político de la Restauración.

Costa había experimentado por sí mismo los obstáculos de los intereses de la gran propiedad y de los capitales privados a su política hidráulica. Había sido testigo desde su juventud del control de la sociedad rural por los caciques locales. Había comprobado cómo la coalición de los intereses de los industriales de Cataluña y los de los grandes productores de trigo de Castilla y Andalucía habían bloqueado su programa de reforma de la agricultura española y su defensa del libre comercio, lo que había significado la carestía artificial del coste de la vida. Conocía de primera mano el injusto sistema impositivo que recaía sobre el pequeño campesinado y beneficiaba a la gran propiedad, mientras que el Estado carecía de los datos estadísticos necesarios para fundamentar una política fiscal moderna y progresiva de la propiedad territorial, imposibilitando con ello la implantación de un sistema de crédito moderno y favoreciendo la persistencia de la usura. Había visto cómo la desamortización de los bienes concejiles había sumido en la ruina a muchas comunidades locales y quitado "el pan a los pobres". Había visto, en fin, el desastre económico de las guerras coloniales, en detrimento de voces, como la suya, que reclamaban una autonomía para las colonias.

Era necesario, pues, una revolución desde el poder, la "revolución desde arriba", que sustituyera a la clase gobernante y un cambio de régimen. Una revolución promovida por las clases "neutras" y "productoras", por una alianza de los intelectuales y de los sectores económicos progresivos.

La crisis nacional del 98 hizo de Costa un tribuno nacional. Si desde los años ochenta Costa se había convertido en un personaje conocido por los intelectuales y medios profesionales, ahora se convierte en el mayor referente nacional para la opinión pública más crítica con el estado de la nación, y en la principal referencia de las nuevas generaciones de intelectuales; en suma, en la voz y la conciencia crítica de la nación.

La limitación de la acción política de escala comarcal y la crisis nacional de 1898 elevará el proyecto político de Costa a clave ideológica fundamental del regeneracionismo reformista español. Es el momento del salto a la política nacional, primero desde la misma Cámara Agrícola del Alto Aragón y después desde la Liga Nacional de Productores y la Unión Nacional, también creadas con su concurso.

De la Cámara a la Liga de Productores y la Unión Nacional

Los dos fracasos electorales con la Cámara no desaniman a Costa, sino que le llevan a dar un paso adelante en su deseo de construir una nueva fuerza política, ahora de ámbito nacional.

El primer paso es la organización de la Asamblea Nacional de Productores (15 de febrero de 1899), celebrada en Zaragoza, con la colaboración de Basilio Paraíso, Presidente de la Cámara de Comercio de Zaragoza, y Santiago Alba, de la Cámara de Comercio de Valladolid. La Asamblea acuerda la creación de la Liga Nacional de Productores, en contra de la opinión de Costa de constituir una partido político nuevo, no contaminado por la colaboración con la monarquía; interclasista, por encima de las ideologías, representativo de las clases trabajadoras manuales, industriales e intelectuales, las clases neutras que hasta entonces no habían intervenido en la dirección del país; aglutinado en torno a un programa mínimo pero urgente de reformas básicas económicas, educativas, de infraestructuras, sociales y políticas.

Pero triunfa la opción de la Liga, aunque Costa es aclamado Presidente de la misma, si bien renuncia a los pocos meses en favor de Paraíso. El nuevo movimiento regenerador se inspiraba en el pensamiento de Costa y en su programa político.

Por una iniciativa paralela, ajena a Costa, se crea en 1900 el partido Unión Nacional, presidido por Basilio Paraíso y siendo secretario Santiago Alba.En marzo de 1900 la Liga Nacional de Productores se integra en la Uión Nacional, incorporándose Costa a su directorio.

Las disensiones internas sobre la estrategia a seguir y el carácter de la oposición al sistema político, además de las ambiciones personales, llevaron al fracaso de la Unión Nacional y a su desaparición en 1901.

Oligarquía y caciquismo

De la crítica de estas fallidas y amargas experiencias, surgirá, primero, el análisis sistemático del orden oligárquico del Estado de la Restauración como obstáculo político fundamental para una modernización agraria (en el marco del desarrollo capitalista) que no desemboca­se en un nuevo confrontamiento civil.

La crítica radical del sistema político de la Restauración le lleva a hacer un análisis riguroso del mismo que se convirtió en una de sus obras principales: "Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España", que había presentado en el Ateneo de Madrid en su célebre información sobre este tema en 1901. Obra cumbre de la sociología política española de su época y durante muchas décadas.

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Costa presenta en el Ateneo de Madrid su famosa memoria sobre "Oligarquía y Caciquismo, como la forma actual de gobierno en España", en la que hace una diagnóstico sociológico y una denuncia del sistema político español:

"…no es la forma de gobierno en España la misma que impera en Europa, aunque un día lo haya pretendido la Gaceta: nuestro atraso en este respecto no es menos que en ciencia y cultura, que en industria, que en agricultura, que en milicia, que en Administración pública. No es (y sobre esto me atrevo a solicitar especialmente la atención del auditorio), no es nuestra forma de gobierno un régimen parlamentario, viciado por corruptelas y abusos, según es uso entender, sino al contrario, un régimen oligárquico, servido, que no moderado, por instituciones aparentemente parlamentarias. O dicho de otro modo: no es el régimen parlamentario la regla, y excepción de ella los vicios y las corruptelas denunciadas en la prensa y en el Parlamento mismo durante sesenta años: al revés, eso que llamamos desviaciones y corruptelas constituyen el régimen, son la misma regla. En el fondo, parece que es igual, y, sin embargo, el haberse planteado el problema en una forma invertida, tomando como punto de mira y de referencia no la realidad, sino la Gaceta, lo imaginado, no lo vivido, conforme procedía, ha influido desfavorablemente en nuestra conducta, en la conducta de los tratadistas, de los propagandistas, de la opinión, siendo causa de que nuestro atraso en este orden no nos haya parecido tan africano ni nos haya preocupado lo que nos debía preocupar, de que no hayamos cobrado todo el horror que le debíamos al régimen execrable, infamante y embrutecedor que conducía a la nación, en desbocada carrera, al deshonor y a la muerte."

A esta Memoria siguió una encuesta a los principales intelectuales, escritores, políticos y profesionales del país, respondiendo más de sesenta personalidades que se pronuncian sobre el problema sometido a debate. Estas respuestas constituyen un magnífico repertorio de las diferentes corrientes ideológicas del momento.

Finalmente, Costa hará un último intento de crear un nuevo partido, una alianza entre el pueblo y los intelectuales que tiene como referencia a Rusia, donde

"van unidos los trabajadores y los intelectuales del Imperio, y en España no. Allí la juventud de las aulas y los pensadores más ilustres van del brazo con los hombres del taller...".

Pero ante el vacío que despierta su llamada, acabará ofreciendo su programa a la Unión Republicana en 1903. Esta nueva frustración le lleva afirmar que:

"En España, las clases intelectuales han desertado de su puesto."


Portada de Oligarquía y caciquismo

El Costa plenamente regeneracionista de este período evolu­ciona desde una posición de confianza en la rectificación del curso histórico económico y político de la España de la Restaura­ción, "desde dentro", y mediante la movilización de la clases "neutras" y "activas" o "producto­ras", de marcado carácter interclasista, que hiciera posible una revolución "desde arriba", a una posición de clara crítica radical del sistema, que califica de "oligárquico y caciquil", de claro corte populista, cuyo espacio político es el del republicanismo radical.


La hora republicana

Tras el fracaso de la Unión Nacional (que es el fracaso de su intento de romper la resistencia de estructura oligárquico-caciquil del sistema de partidos de la Restauración), Costa se adhiere al republicanismo militante (en lo ideológico se había ido definiendo cada vez más desde 1868) y se lanza a la confron­ta­ción total con el sistema.

Costa fue elegido por Zaragoza, Madrid y Gerona diputado para el Congreso, si bien no tomó posesión del acta de diputado. Pero la desunión y luchas intestinas en las filas republicanas le llevaron al año siguiente a presentar su renuncia.
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Los sucesivos fracasos políticos por hacer una revolución "desde arriba", desde el poder, radicalizan aún más a Costa, para quien ha llegado el "turno del pueblo" y la hora de la "revolución desde abajo", como ya se preguntaba en 1903:

" Los labradores y braceros del campo, los menestrales, obreros de la industria y proletarios, que son en España más de diecisiete millones y medio, han pagado con ríos de sangre, de oro, en cien años de guerra, la civilización que disfruta el medio millón restante, sus libertades políticas, su derecho de administración, su inviolabilidad del domicilio, su seguridad personal, su libertad religiosa, su libertad de imprenta, su desamortización, sus comodidades, su prensa diaria, sus teatros, sus ferrocarriles, su Administración pública, su Parlamento; todo eso que a la masa de la nación no le ha servido de nada, porque el pueblo no sabe o no puede leer, no se reúne ni se asocia, no imprime, no viaja, no le hostiga la vida religiosa, no compra ni usurpa haciendas al Estado, no conoce oficinas ni Tribunales, sino en figura de instrumentos de la opinión caciquil incontrastable.

Y sin embargo, esa minoría de ilustrados y pudientes, clase gobernante, no se ha creído obligada a corresponder a tantos sacrificios con uno solo, dejando alguna vez gobernar para sí, gobernando un día siquiera para los humildes, para la mayoría, para el país.

¿Parecerá ya hora de que llegue el turno al pueblo?

El Pleito de La Solana

En un momento crítico para Costa, tras los fracasos políticos, el pleito de La Solana contribuyó a ahondar más sus frustraciones. Enfrentado a la Iglesia como abogado de los vecinos de esa localidad manchega para defender sus intereses sobre un legado dejado por un rico terrateniente a la comunidad, pero gestionado por unos sacerdotes, albaceas del mismo, Costa gastó numerosas energías en defender a los vecinos y en defenderse a sí mismo de acusaciones injuriosas. Este triste suceso distanció definitivamente a Costa de la Iglesia Católica, publicando su célebre artículo "A descatolizar toca, Sr. Costa".

Retiro y aislamiento

Los problemasde salud, las dificultades de su vida privada, los problemas legales relacionados con el pleito de La Solana y los fracasos políticos hacen que, en 1906, completamente desencantado y abatido, abandone definitivamente la política activa y se retire a Graus.Aislado (salvo alguna aparición pública ocasional pero siempre con gran impacto social) y grave­mente enfermo, Costa, a partir de 1906, sólo hará una nueva aparición pública con motivo de su pronunciamiento contrario al proyecto de Ley antiterrorista promovida por Maura en 1908.
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El Costa final es un hombre derrotado, cuya decadencia y ruina las convierte en metáfora de la decadencia y ruina de España. Su relato es una sucesión de frustraciones:

"Soy una ruina psicológica tanto como fisiológica y no se puede contar ya conmigo para nada..., lo mismo ¿ay! que España; lo mismo que el partido republicano..."

En 1900, siendo la figura señera de la Unión Nacional, resume Costa su biografía al director inglés de la Review of Reviews:

"Empecé a vivir cuando España había llegado al límite de su decadencia. Llegué a la madurez mental en días en que esa decadencia degeneró en catástrofe. Yo había estudiado la historia de mi país y el choque de lo aprendido con lo que vivía, arrancó de mi pensamiento truenos de ira e indignación. Este es el resumen de mi vida. Ya ve usted que tiene poca importancia."

Y él mismo hace un balance de su atormentada vida:

"He consumido todas las reservas que poseía (ya mermadas por la herencia) y la labor forzada de los libros y las adversidades y los despojos; desde el despojo de la cátedra, que me ha impuesto tantos combates, tantas tribulaciones, etc., para ganar la comida (insuficiente y agotadora también) hasta el despojo de La Solana, por caciques, jueces , curas, obispo!... en subir, en hacer apellido; cuando lo he hecho era viejo y estaba agotado."

"He vivido en una perpetua ansiedad. Todo me ha huido..."

"Tomé mal la embocadura de la vida: es ya tarde para enderezarla... Hace mucho tiempo que comencé a ser un irredimible (ya cuando me hicieron académico)..."


Despacho de Costa en Graus

Pero ese gran fracasado, como se le llamó en una ocasión, dejó un legado intelectual extraordinario en los más diversos campos del saber y las duras condiciones de su existencia resaltan la grandeza de su ingente obra, de sus escritos y de su actividad pública. Resaltan el valor de una biografía marcada por la fuerza de la voluntad, por su capacidad de trabajo y de sacrificio, por su generosidad, por su espíritu libre, por su inconformismo, por su honestidad y profundo patriotismo. Sirvan estas líneas para invitar a la lectura de Costa, para que deje de ser el "gran desconocido", especialmente entre las generaciones jóvenes.

Trabajando hasta su muerte

En el momento de mayor pesimismo respecto al destino nacional, Costa sigue trabajando en su retiro de Graus en dos proyectos que dejaría sin terminar. Uno, es un ensayo titulado " Por qué España no tiene aptitudes para ser una nación moderna", que resumía su diagnóstico, entre científico y emocional, de los males de la patria. El otro, una novela histórica que debería ser su testamento biográfico e ideológico: "Último día del paganismo y primero de... lo mismo".



Muerte de Joaquín Costa


Capilla ardiente en Graus

El 8 de febrero de 1911 moría Costa en Graus, tras sufrir una hemiplejía derecha el día anterior. El periódico El Liberal difundió la noticia al día siguiente por todo el país con un enorme impacto popular que sacudió a la opinión pública. Su hermano Tomás accedió a su traslado a Madrid para ser enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres, en contra del deseo de Costa de ser inhumado en el paraje de Las Forcas, cerca de Graus. Pero la reacción popular, animada tal vez por agentes que obedecían órdenes del Gobierno, el cual temía los posibles efectos políticos de la llegada del cuerpo de Costa a Madrid, lo retuvo a su paso por Zaragoza, donde finalmente fue enterrado en el cementerio de Torrero, donde hoy se puede contemplar su mausoleo.

Las vicisitudes de su entierro fueron tan tortuosas como su propia vida. El cuerpo, embalsamado, fue trasladado en una galera tirada por mulas desde Graus hasta Barbastro, donde recibió un multitudinario recibimiento y homenaje. Desde allí, fue trasladado a hombros hasta el tren que le debería llevar hasta Madrid, pasando por Zaragoza. Todos se disputaron su cadáver.


Cortejo fúnebre en Zaragoza

Sirva como final de este esbozo biográficos estas palabras del propio Costa:

"...Lo que interesa de mí, si algo puede interesar, es lo que he hecho y lo que he escrito. Y eso, si las gentes lo conocen, a nadie tengo que recordárselo, y si no lo conocen, será que no valga la pena, y entonces tampoco parece justificado que se les recuerde."

En el centenario de su muerte, bien merece la pena recodar lo que Costa hizo y lo que escribió, pues sin duda, cien años después, el conocimiento de su obra, de su pensamiento y de su acción pública sigue valiendo la pena.